En un entorno tan masificado turísticamente como el Mediterráneo, y especialmente degradado como el Levante español, la presencia de Calpe, villa histórica situada entre Alicante y Valencia, en plena Costa Blanca, resulta más que estimulante.
Pueblo costero a espaldas de la montaña, sus pescadores aún salen a faenar con sus artes tradicionales de pesca, y su llegada a puerto es una bonita estampa. De sus capturas se nutrirán los platos, especialmente los típicos arroces en modo paella o á banda, como los que podemos degustar en La Cambra o en el Baydal.
Tierra fronteriza que ha visto pasar a numerosos pueblos de la Antigüedad y posteriormente escenario de las luchas entre moros y cristianos, tan rememoradas en clave festiva por estos lares, sus huellas aún están presentes en su Casco viejo. Un paseo por la Plaza, junto a la Torre de la Peça, lo certifica.
Las opciones de alojamiento son variadas, pero destacan los apartamentos del Hotel AG Galetamar y el Bahía Calpe, que incluye servicio de Spa. Y algo que no podemos dejar pasar estando en Calpe es visitar su famoso peñón, el de Ifach, uno de los más afamados parques naturales del país.


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