Con una de sus partes mirando a Oriente y con otro de sus extremos en el occidente europeo, la bipolaridad de Estambul se manifiesta vivamente, ofreciendo todo lo imaginable a sus visitantes.
Algo ya conocido, pero que recientemente ha incorporado un nuevo ingrediente a la sugerente oferta cosmopolita de la antigua Constantinopla: el fashionismo. Y es que la capital de Turquía viene ahora a darnos algo más que las clásicas visitas a Santa Sofía y sus minaretes.
No es desdeñable la visita a la antigua basílica bizantina custodiada por sus minaretes, como tampoco lo son visitar el paladio Topkapi o perderse en el populoso Gran Bazar. Todo ello es compatible ahora además con su nueva y vitalista vida nocturna y artística.
Estambul se ha convertido en el escenario y base de numerosas marcas de ropa, diseño y estilismo, aupadas a lo más alto por la crítica especializada. Antiguos museos reconvertidos a galerías de arte y restaurantes, discotecas selectas… Todo un verdadero lavado de cara para una ciudad más europea que nunca y que invita a perderse de nuevo por su geografía.


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