La capital de la República Checa es uno de los destinos favoritos para los turistas que visitan y recorren el Viejo Continente. Una esplendida ciudad que alberga una de las principales ofertas culturales europeas.
Pero Praga es también una ciudad vitalista y joven, que situada a ambos ríos del Moldava se ha convertido además en uno de los principales platós cinematográficos del mundo, ya que los estudios aprecian especialmente su singular, rica y magníficamente conservada arquitectura.
El Josafov, al antiguo barrio judío se encuentra a pocos pasos del que bien podría ser nuestro punto de inicio, la Plaza Vieja, corazón de la Praga bohemia y como todo su entorno, Patrimonio de la Humanidad desde 1992. El entorno del barrio Malá Strana, al que se accede a través del puente Carlos IV mezcla lo original de sus construcciones con la actividad de sus artistas callejeros.
La ciudad nueva y la colina sobre la que se asienta el castillo son también visita obligada. Un recorrido en el que sus famosos cafés y cervecerías nos invitan a recobrar fuerzas, con platos tan típicos como ese estofado de ternera acompañado de arroz y verduras, el legendario gulash.


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