No ha sido hasta el año pasado que se ha abierto al público la bellísima isla salvaje de Samet. Accesible desde la capital tailandesa Bangkok y situada a pocos kilómetros de la conocida provincia de Rayong, la ínsula es todo un paraíso.
Aguas limpias y azules de un turquesa intenso, playas de fina y blanca arena y exuberante vegetación son algunas de las apetecibles características que hacen de Samet un destino de ensueño. Además, su clima seco ofrece 12 meses continuados de buen tiempo.
Su extensión de 18 kilómetros cuadrados se divide en dos áreas: una norte donde se encuentran todos los complejos hoteleros y resorts y una sur, aún virgen. Las playas de Had Sai Kaeo y la pequeña Ao Hin Hokh son las mejores. Samet es el lugar idela para perderse.


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