Canfranc, el encanto de una vieja estación

Estación Internacional de Canfranc / Foto: Marc Celeiro [CC BY-SA 4.0]

Enclavada entre montañas, a 1195 m. de altitud, la estación se ve imponente, llegó a ser en su época  una de las más grandes de Europa. Cuando estás allí es imposible no imaginar. Y empiezas a preguntarte cómo habrá sido su pasado, qué historias habrán sucedido, qué trenes, quiénes habrán pasado por allí. Permaneció activa como estación internacional casi cincuenta años, desde finales de los años veinte hasta principios de los años setenta. Lugar estratégico durante la segunda guerra mundial, ha visto cómo entraba el oro de los nazis y a cientos de judíos escapar de la persecución. Se han sucedido rodajes de películas, reportajes y distintos planes de recuperación.

“Cuando quede terminada la línea de ferrocarril de Canfranc, los viajeros de París a Madrid ganarán cuatro horas en el recorrido y harán una travesía montañosa, que será uno de los espectáculos más hermosos y deslumbrantes de nuestro viejo continente”

(Le Matin, 1928)

En la actualidad únicamente circula la línea férrea que une Canfranc con Zaragoza. El edificio que alberga la estación se encuentra cerrado, siendo imposible su acceso al interior. En los andenes se pueden ver los vagones abandonados, llenos de magia y la mayoría de grafiti.

Quizá la mejor forma de llegar es en tren, lo puedes coger en Jaca y el trayecto dura una media hora. Te dará una perspectiva única del Valle del Aragón, asomándote a los tejados de pueblos como Castiello de Jaca, Villanúa y el antiguo pueblo de Canfranc, arrasado por un incendio en los años cuarenta. Ten en cuenta que únicamente circulan dos trenes diarios, uno por la mañana y otro por la tarde, por lo que si has llegado en tren una buena opción para regresar es el autobús, existe un servicio regular que cubre la línea Jaca-Astún.

 


El Canfranero

El Canfranero es un viejo conocido de todos los habitantes del Alto Aragón. El tren que sigue uniendo a diario Canfranc con Jaca, Sabiñánigo, Huesca y Zaragoza; el mismo que hasta 1.970 traspasaba fronteras para dejar y recoger viajeros en Francia y el que continuó haciendo un trayecto diario desde Canfranc hasta Madrid hasta la llegada del AVE.


Una estación de Cine: ‘El rey de Canfranc’ y otros rodajes pirenaicos

El rey de Canfranc cuenta la historia del jefe de la estación de tren de Canfranc que colaboró con la Resistencia francesa frente a los nazis y logró salvar la vida de cientos de judíos.

La película, una coproducción hispanofrancesa dirigida por José Antonio Blanco y Manuel Priede, mezcla antiguas imágenes de la estación, de los años cuarenta, cuando se convirtió en lugar de paso estratégico de todo tipo de mercancías entre España y la Alemania nazi, con entrevistas a algunas de las personas que conocieron a Albert le Lay, el jefe de la aduana francesa de Canfranc, que ejerció de espía al servicio de la Resistencia y permitió que cientos de judíos, disidentes y soldados aliados atravesasen la frontera española huyendo de la persecución de los nazis. Cuando la Gestapo se enteró de sus actividades y estaba a punto de detenerle, en septiembre de 1943, alguien le dio el soplo y logró huir fingiendo un inocente paseo. Él mismo se definía con el título con el que ha pasado a la historia: el rey de Canfranc.

Tras la guerra, Albert le Lay rechazó cualquier premio o condecoración, por lo que su hazaña de héroe anónimo tiene aún hoy muchos detalles desconocidos. De hecho no se sabe a cuántas personas ayudó a cruzar a España, aunque se sabe que fueron varios cientos y el documental incluye testimonios en primera persona.

Pero esta no es la única película sobre el Pirineo en el cines más o menos reciente: Las brujas de Zugarramurdi, la última película de Álex de la Iglesia, con el telón de fondo de las brujas que la Inquisición ordenó quemar en la hoguera.


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Soy Eduardo Azcona Vidaurre. Espíritu inquieto crónico, ambientólogo e ingeniero, llevo los últimos 5 años involucrado en cuerpo y alma a la divulgación e interpretación de los destinos de aventura y viajes. De la mano de algún cuaderno de notas, disfruto de apuntes y bocetos a pie de terreno, compaginándolo con labores como guía interpretativo y de gestión como Director Editorial y CEO en la revista «Travesía.» y en la presente «SoyViajero».

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